No escarmientan

Estos días, el panorama “pornocibernético” nacional anda bastante revolucionado. La razón es que, una vez más, la red social twitter vuelve a usarse como arma arrojadiza, lo que hace público y notorio algo que ha existido siempre y que siempre existirá: las rivalidades y desavenencias de los protagonistas de la industria.

Gracias a Dios, en medio de este maremagnum de descalificaciones han surgido voces coherentes que han tratado de poner algo de cordura.

El análisis que el director del SEB hace a través de su blog, y este excelente artículo de “La gaceta Uncut” han sido ampliamente retuiteados por todas las partes en conflicto, lo que no deja de ser curioso, porque mientras por un lado se trata de amplificar estas voces que llaman a la calma, por otro, continúan las batallas barriobajeras en las trincheras de la red.

twitter-fight-club-2012En mi opinión, esta guerra sucia puede tener unas consecuencias mucho más graves de las que los propios implicados imaginan.

Si a mí, en calidad de webmaster, se me quitan las ganas de promocionar los productos de todos aquellos que andan enzarzados en estas batallas por temor a que te pongan la etiqueta de “aliado” y terminen por alinearte en un bando, no quiero pensar lo que puede ocurrir con los propios consumidores, que pagan por vivir una fantasía, y no por estar al tanto de los malos rollos que hay entre unos y otros.

Hace ya casi un año avisé de los peligros de esta dinámica, pero está visto que de poco ha servido. No escarmientan. Y como tengo por costumbre no entrar a criticar ningún comportamiento si no dispongo de una alternativa constructiva que aportar, voy a tratar de sumarme a quienes tratan de apaciguar los ánimos aportando una posible solución, aun a riesgo de que alguien pueda sentirse aludido y la mierda termine por salpicarme.

Mi propuesta es la de que todas y cada una de las empresas del sector elaboren un código de conducta interno referente a las comunicaciones que sus integrantes efectúan a través de las redes sociales. Un código de conducta que contemple amonestaciones, sanciones económicas, y en última instancia, incluso despidos.

Por supuesto, ese código no se realizaría para terminar colgado en la pared como elemento decorativo, sino que debería ser objeto de control y tener vigencia permanente.

lucha twitter

¿Excesivo? Habrá quien lo vea así, pero no hay que olvidar que muchas de estas empresas están haciendo un importantísimo esfuerzo económico en aspectos como tratar de lograr una producción de calidad o construir una marca.

Y esto se pone en grave riesgo cuando las “guerras virtuales” acaban por ensuciarlo todo, quitando a los consumidores el deseo de consumir y a los webmasters, el de promocionar.

Creo que es el momento de zanjar todo esto de un modo firme y decidido. Twitter debe ser una herramienta de comunicación corporativa, y esta comunicación debe ser coherente con la política de imagen que la empresa quiere construir. Por eso todos quienes se identifiquen con la empresa, deben remar en la misma dirección.

No menospreciemos el impacto que estas actitudes pueden tener en el mercado y hagamos algo ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Xuancar